El Origen de González (1): Un manchego en Madrid.

Pequeña historia de un manchego en Madrid

La historia de González, de la tienda y de la familia, están íntimamente unidas. Nuestra historia es una historia de lucha y sacrificios, de éxitos y equivocaciones, de avatares y giros sorprendentes del destino. Una historia muy particular pero al mismo tiempo muy parecida a la de tantas otras familias españolas que navegaron por los conflictivos comienzos del siglo XX.

El nombre de la tienda se debe a nuestro abuelo, Vicente González Ambit, manchego de nacimiento, criado en las calles del centro de Madrid de principios del novecientos. Su madre, Antonia Ambit, valenciana—de ahí el nombre de Vicente y el apellido Ambit—y su padre Alfonso González, manchego, se dedicaban al comercio de telas en Villanueva de los Infantes, aunque se habían asentado en el pueblo de Alcubillas. Allí fue donde nació Vicente González en enero de 1900. El espíritu del comercio y la venta estaba en sus venas desde la cuna y se mantendría con él hasta la tumba en 1993. Si por algo se caracterizaba Vicente era por su capacidad de venta y por su fluidez verbal. Dos virtudes ineludiblemente unidas.

Madrid castizo vs Madrid modernista

Cuando la familia recaló en Madrid, lo hizo en la zona más castiza, en el barrio de Lavapiés. Madrid, por entonces, era un gran pueblo manchego con cierta vocación de urbe administrativa. Todavía faltaban algunos años para que pudiera soñarse con un Madrid “modernista”, muy a su manera, que comenzaría a despuntar con los proyectos arquitectónicos de Palacios (El Palacio de Comunicaciones, EL Hospital Obrero, EL Círculo de Bellas Artes). Un modernismo “sui generis”, bastante alejado del adorno y sofisticación de las clases medias catalanas.

Es cierto que la Villa era también Corte, pero eso no era óbice para que Madrid siguiera siendo un gran pueblo. Y dentro de ese pueblo había barrios donde la vida se aproximaba más a las comunidades apegadas a la tierra, más amables y llevaderos para los que venían de fuera. Eso era Lavapiés. Y tal vez siga conservando algo de aquel carácter. Pues allí fue a residir la familia González, más concretamente a la calle Mesón de Paredes.

De la Rosa de Oro a La Mallorquina

El joven Vicente González ya estaba en edad de ganarse la vida. Un joven de 20 años, ya no era un joven en los años 20. Orientó sus pasos hacia el terreno que siempre le había atraído y al ámbito en el que se movía como pez en el agua: el trato con los clientes. Indudablemente, se requiere cierta habilidad dialéctica, cierta teatralidad para saber llevar al comprador hacia tu producto, hacia lo que le quieres contar a cambio de unas monedas. Y Vicente hacía eso extraordinariamente bien, tan bien que en pocos años se situó como dependiente en La Rosa de Oro, establecimiento de ultramarinos ubicado en la Puerta del Sol, esquina con Preciados. Todavía se puede encontrar alguna fotografía de aquella tienda, tenue recuerdo entre escombros, después de los bombardeos de la Guerra Civil

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